martes, 27 de septiembre de 2011

Lo bueno no dura para siempre, solo lo suficiente para volverse inolvidable

Muchas veces he pensado en las cosas buenas que me han pasado en esta vida, en las cosas que jamás podría olvidar por mucho que quisiera y que de alguna manera me han marcado para siempre. Sin embargo, cuando me pongo a pensar en cosas malas... mi mente se queda vacía. Lo único malo que realmente puedo recordar es haber perdido algún ser que quisiera, pero enseguida lo recordaba de forma bonita, de forma buena y me echaba a llorar, pero no de lástima ni de pena, sino de felicidad y de nostalgia, porque echaría de menos esos momentos, pero al fin y al cabo, la muerte es una etapa por la que todos vamos a pasar así que adopto la filosofía que desde hace unos meses me esta funcionando y animando a seguir para delante:
No hay que preocuparse por nada que tenga solución, todo tiene solución, excepto la muerte y es algo que todos vamos a vivir.
Resumiendo, las cosas buenas que me han pasado me han marcado muchísimo más porque yo no recuerdo mi primera discusión, ni mi primera caída, ni mi primer resfriado, ni mi primer enemigo... yo me quedo con cosas como: mi primera amiga, mi primer trofeo, mi primer beso, mi primer amor.
Al final lo que perdurará en nuestro corazones son las cosas bonitas y las cosas que nos gusta recordar igual que las personas que merecen la pena y te lo demuestran día a día estando ahí en todo momento.
Porque aunque las cosas buenas no duren para siempre y hayan cosas malas también... duran lo suficiente como para volverse inolvidables y recordarlas con cariño
.

No hay comentarios:

Publicar un comentario